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Los hechos

La situación en 1809

Tras la Revolución Francesa de 1789, se produjo la ejecución de Luis XVI y María Antonieta, lo que llevó en 1793 a la declaración de guerra de nuestro país contra la Convención Francesa que dirigía la Francia revolucionaria.

La guerra duró hasta 1795 y su resultado fue desastroso para nuestro país, que además de entregar en compensación la isla de Santo Domingo a Francia, nos ligó como aliados de la misma durante los trece años siguientes, lo que supuso por tanto declararle la guerra a Inglaterra, uno de cuyos episodios bélicos, la batalla de Trafalgar, nos dejó sin flota naval, comenzando la hegemonía inglesa en el mar.

En 1808, con Napoleón gobernando Francia a título de emperador y dueño de casi toda Europa, sometida militarmente, la debilidad de la casa real borbónica en España y el golpe de estado provocado en marzo por el príncipe de Asturias, Fernando, contra Godoy y su padre, el débil Carlos IV, puso en bandeja ante nuestro “aliado” Napoleón, la corona española, que tras el sainete que se produjo en Bayona, fue a parar a su hermano José, mientras la familia real española pasaba a un exilio más o menos dorado y financiado.

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Mientras sus gobernantes se comportaban tan vergonzosamente, el pueblo español no admitió la situación, y con el levantamiento en Madrid el dos de mayo, y la insurrección generalizada después, se opuso a los cambios efectuados de manera forzosa.

En Aragón, en junio vendría el primer Sitio de Zaragoza que se levantó en agosto tras la primera derrota de un ejército francés en Bailén, para de nuevo sitiar la capital de Aragón que capituló en febrero de 1809. Caída la ciudad, y perdido el ejército de Aragón que imprudentemente había concentrado Palafox dentro de Zaragoza, la lucha continuó en el resto del territorio aragonés, mediante partidas de guerrilleros que incordiaban a las columnas francesas, dificultaban sus comunicaciones y abastecimientos y no les permitían sentirse seguros en ningún sitio.

ciudadela

La reacción francesa. La ruta de la infamia.

Decididos a terminar de una vez con las guerrillas alto aragonesas, los napoleónicos pusieron en marcha una gran operación militar coordinada, con los objetivos de someter los valles insurrectos, desalojar a la guerrilla de sus bases de San Juan de la Peña y Roncal, llevar suministros a Jaca, y vengar la derrota de Puysalís. El coronel Plicque, avanzó sobre el Valle del Roncal entrando por Salvatierra. Lapeyrollerie desde Jaca, desalojó a Perena de Canfranc y lo persiguió hasta Biescas.

Desde Zaragoza, el general Suchet, envía al mando del general Luis François Félix Musnier de la Converserie una fuerte columna compuesta por 1800 infantes de tres batallones de élite de los Regimientos 5º de infantería ligera, y 115º y 117º de Infantería de Línea, 250 jinetes polacos , 2 piezas de artillería y 2 cañones de montaña que salen de la ciudad el 19 de Agosto en dirección a Jaca, por la ruta principal de entonces, Zaragoza-Villanueva-Zuera-Gurrea-Marracos-Biscarrués-Ayerbe-Murillo de Gállego- Anzánigo – Bernués- Jaca.

El día 23 llega la columna a Ayerbe, y es hostigada desde las cuatro de la tarde en su camino hasta Jaca donde llegan bien entrada la noche, por las fuerzas de Miguel Sarasa y sus aproximadamente 600 hombres que aunque no los detienen les hacen varias bajas. Aun les dará tiempo a los franceses a parar en Yeste, saquear la iglesia y vejar al párroco al que desnudan y sacuden boca abajo en busca de monedas tal como relata el párroco de La Peña.

El día 24 mientras Musnier descansa a sus tropas y prepara el operativo, se produce un suceso, cuyas confusas interpretaciones por unos y otros no consiguen aclararlo. La banda de música del 115º Rgto. francés (30 hombres), que va por detrás de la columna principal, protegidos por 40 soldados del Rgto 121 de Línea, son sorprendidos en Bernués por los hombres de Sarasa, y tras un tiroteo en el que mueren 7 de ellos, son capturados los 63 restantes que fueron enviados prisioneros con escolta a Lérida. En el camino, intentaron sublevarse y el oficial al mando de la escolta hizo matar a todos menos a 8 que sí llegaron a su destino.

El día 25 la columna francesa de Musnier sale de la Ciudadela de Jaca reforzada con 2 Compañías de Cazadores de L’ Ariége dispuestos a acabar con la base de Sarasa en San Juan de la Peña, al que atacan divididos en tres columnas, obligando a los guerrilleros a abandonar el monasterio alto, al que pegan fuego tras el combate. Tras saquear el monasterio Viejo, que no destruyen por orden de Suchet, que exige respetarlo por estar las tumbas de los reyes de Aragón, prosiguen la persecución hacia el Valle de Hecho tras atravesar el Puente de Santa Cilia (el actual de Puente la Reina no fue construido hasta 1880) no sin antes saquear la Iglesia de Santa Cilia como relata el párroco en una anotación en el Libro de Difuntos, haciéndole exclamar: dies amara valde. (Día de gran amargura).

El 26 tras cruzar por Santa Cilia se dirigieron a Embún, pasando por Somanés y Javierregay (quedando constancia en el Libro de Visita de Javierregay con fecha 21 de junio de 1815 del expolio sufrido al paso de las tropas francesas, y el 11 de julio de 1813 en el de Primicias de Somanés, los datos sobre el robo cometido por las tropas francesas a su paso). Tras atravesar el río Aragón Subordán por el puente de Javierregay subieron hacia Embún, encontrando resistencia (a la que se refiere Renovales, 350 hombres -100 de Ansó, 100 de Hecho y 150 del Batallón de Perena al mando del Teniente Coronel retirado Alonso Escobedo, natural de Embún), en el convento de los padres mercedarios de Nuestra Señora del Pilar (según menciona la Gaceta de Madrid, afrancesada, en su número 273 del 29/9/1809) y durante los combates le pegaron fuego. Parece ser que el incendio fue parcial o pudo ser contenido, pues aun en condiciones precarias, los mercedarios continuaron ocupándolo hasta la desamortización de 1835.

El día 27 la columna francesa se dirige desde Embún hacia Hecho por el Valle de Aísa (lo menciona Renovales en su informe). En los libros parroquiales de Sinués, Esposa y Aísa, no figura ningún dato con confirme su paso, pero sí en el de Visitas de la parroquia de Lastiesas Bajas que menciona el saqueo sufrido en la Iglesia.

El día 28 la columna de Musnier, llega a Jasa, como nos relata el párroco del pueblo, Ramón Gil, en una crónica interesantísima de lo que sucedió aquél día, donde muy de mañana aparecieron los soldados franceses, descansando Musnier en la abadía desde donde envió mensajeros a Hecho pidiendo calma (y raciones de comida) a la población. Dicho mensajero tuvo que volverse en la sierra de Urdués, donde se ya se había entablado combate. Los franceses siguieron su avance, y al pasar por Aragüés, la retaguardia saqueó varias casas así como la abadía e Iglesia. El mismo día 28, tras el tiroteo en la sierra de Urdúes, entraron en el pueblo, y como era su costumbre en aquellos lugares donde se les ofrecía resistencia, quemaron la Iglesia y la mayor parte del lugar como nos relata detalladamente el vicario Juan Ansó, y la casa que habitaba el cura, que es la Casa de Cabalero, haciendo un exhaustivo inventario de lo sustraído a la iglesia.

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Tras el incendio y saqueo de Urdúes, la columna se encaminó a Hecho, dirigida la defensa por Juan Rafael Marraco y Alonso Escobedo, y tras una dura resistencia, ocuparon la villa incendiando sus dos terceras partes (un total de 137 casas además de la iglesia de San Martín, según carta del Ayuntamiento de Hecho de 1818). Siete vecinos fueron asesinados (entre ellos el prebístero de la iglesia y un vecino, viudo, de origen francés). Días después, el 2 de Septiembre, a manos de un grupo de afrancesados liderados por Domingo Brun “Chandon” y Gerónimo Rocatallada, fueron asesinados Juan Rafael Marraco y Alonso Escobedo junto a sus esposas (la de Escobedo hermana de Marraco) y otros dos hermanos del primero (uno de ellos Juan Miguel Marraco, presbítero del Pilar que había sido miembro de la Junta de Defensa de Zaragoza durante los Sitios).

El 29, tras el saqueo de los restos de Hecho, prosiguieron su avance y al paso por Siresa, quemaron parte del pueblo, incluida la ermita de Nuestra Señora del Pueyo, tras saquearla, así como el Altar retablo mayor de la iglesia de San Pedro, la sacristía y el archivo, llegando al amanecer ante la villa de Ansó defendida por 50 jóvenes del lugar, dirigidos por Juan Blas Gastón y Fermín Ornat que consiguieron mantenerlos a raya durante cuatro horas. Furiosos, entraron al degüello en el pueblo, y al no encontrar a ninguno de los defensores, ni habitantes, quemaron 12 casas, asesinando a 10 viejos imposibilitados e inválidos que habían quedado. Están reflejados estos hechos en el folio 472 del Libro de difuntos de la parroquia. Durante los cuatro días en que quedó un destacamento, registraron los montes, encontrando las alhajas y joyas de la iglesia que los vecinos habían escondido, así como las ropas y objetos de valor. El grueso de la tropa continuó su avance para, coordinados con las otras columnas, impedir el escape de los roncaleses y resto de guerrilleros que se habían replegado, y llegaron hasta Garde, donde se enteraron de la capitulación de aquellos al tener noticia de la llegada de nuevas columnas francesas por Ochagavía y Olorón, no sin antes saquear y quemar la ermita de la Virgen de Puyeta en Ansó. Musnier regresa victorioso a Jaca el día 30 con el ganado y armas que ha requisado, y el 9 de Septiembre, se encuentra de nuevo en Zaragoza.

 

Epílogo.

Pueblos quemados, ganados robados, asesinato de civiles, saqueo de pueblos, iglesias y casas y la ruina e indigencia de muchos de sus habitantes.

Cifras: como siempre, discrepantes. Los franceses reconocen en sus datos 8 muertos y 28 heridos, entre estos sólo un oficial, el teniente Darnaud del 2º de Ariége, herido en el combate de Hecho. No dan cifras sobre el enemigo. Los guerrilleros cifran los muertos franceses sólo en Ansó en más de 100 (¿?).

Militarmente: Capitulación del valle del Roncal. Primera capitulación en el conflicto. Entregaron ganados y rehenes, fusiles (viejos) y se retiraron los guerrilleros del valle aceptando la sumisión a los franceses. Renovales marchó a Cádiz y después a Cantabria hasta que fue capturado por los franceses en 1813. En el Valle de Hecho, Sarasa se retiró con sus hombres al valle del Cinca. Dos meses después, volvía a la Jacetania y proseguía sus acciones también por la Canal de Berdún y las Cinco Villas y todo volvió a comenzar de nuevo.

Las gentes de Los Valles enterraron a sus muertos, reconstruyeron sus casas e iglesias, y volvieron a la vida cotidiana, que seguiría marcada por el conflicto durante casi cinco años más.